Qué ocurre en una recesión – por qué la orientación económica socialista en Venezuela es crucial ante la crisis financiera internacional

December 23, 2008
Por lo general, la orientación económica socialista de Venezuela se juzga mediante criterios morales: el mejoramiento de las condiciones de vida de la mayoría de la población. Sin embargo, también posee un aspecto práctico decisivo, en la actual situación, por ejemplo, como es la protección y el desarrollo de la economía en el contexto de la crisis económica global. La orientación socialista de la economía del país le brinda con creces la mejor oportunidad de enfrentar el impacto de la crisis financiera internacional. Para entender esto es fundamental conocer qué ocurre en una recesión.

En el desarrollo de una recesión como ésta en la cual está entrando la economía mundial, lo decisivo no es el gasto del consumidor o del gobierno, lo que ocurre sobretodo en una recesión es la caída de la inversión o, en el peor de los casos, su colapso.

Para ilustrar esto la Figura 1 muestra los cambios en los principales componentes nacionales del PNB de Estados Unidos en la más clásica de todas las recesiones/depresiones: la que se produjo en ese país luego de 1929.

Figura 1

Como puede observarse el patrón es claro. El declive económico de Estados Unidos fue extremadamente grave, a una escala mucho mayor de lo que se está produciendo en la actualidad. Entre 1929 y 1933 el PNB cayó 29,7%. Se requirió una década para volver al nivel que tenía en 1929.

Cuando se analizan los componentes de esta caída aparece un claro patrón. El gasto público aumentó durante la recesión, no solo después de la elección de Roosevelt en 1933 sino incluso durante el gobierno de Hoover.

La caída del gasto del consumo personal después de 1929 fue grave pero menos que el declive general en el PNB. Para 1933 el gasto por concepto de consumo personal del país se había desplomado en un 19,7% en comparación con el 29,7% del PNB. Fue en 1939 cuando el gasto por consumo personal volvió al nivel de 1929.

Pero la caída en la inversion fue extrema, superando con creces el declive en el PNB, lo cual explica la diferencia entre la disminución en el gasto de consumo personal y público y la caída en la producción global.

En 1933 la inversión fija interna privada había caído en un 73,9% en relación con su nivel de 1929. Dicho de otra manera, en 1933 la inversión fija nacional privada fue apenas de 26,1% de su nivel de 1929. Sin duda alguna, este fue el elemento más grave de la depresión y tuvo un efecto multiplicador en el resto de la economía. Patrones similares se observan en cualquier otra recesión.

La razón de esta diferencia en la caída es que mientras la “demanda” en la economía puede entenderse en términos generales, los diferentes componentes de la demanda están controlados por mecanismos muy distintos.

Las decisiones en materia de gasto público son tomadas directamente por el Estado, de manera que pueden controlarse con relativa facilidad. En el caso que nos ocupa, la orientación socialista de Venezuela constituye una buena oportunidad para mantener la demanda durante la recesión internacional.

En cuanto al consumo personal, el objetivo de la masa de la población es tener un nivel de vida tan bueno como sea posible. El tema que más afecta el consumo personal es el nivel de ingresos y no el deseo de consumir.

Las decisiones para la inversión privada no están motivadas por el consumo sino por la ganancia, de manera que las decisiones de inversión no están controladas por los mismos mecanismos que el consumo personal o público, por lo que puede caer a casi cualquier nivel. En una recesión es justamente este tipo de inversión el que se desploma a niveles más bajos.

Por lo tanto, ¿por qué un gobierno capitalista no puede intervenir directamente para detener el declive en la inversión? El tema aquí es la propiedad privada de los medios de producción. Si el gobierno le quita las decisiones de inversión a los propietarios privados de los medios de producción limita o suprime, de hecho, la propiedad privada sobre dichos medios. Entonces, en estas circunstancias, si el gobierno acepta la propiedad privada de los medios de producción decisivos para un país, no puede detener el declive en la inversión, de manera que si el gobierno quiere parar el declive en la inversión, debe poseer instrumentos suficientemente fuertes, en términos del peso del sector público, a fin de evitar que disminuya la inversión en la economía.

Ante la severa crisis financiera internacional, si los sectores decisivos de la economía venezolana estuvieran en manos privadas sería imposible detener la caída en la inversión, de manera que la economía del país entraría en una severa recesión. El hecho de que en Venezuela importantes sectores de la economía sean propiedad del Estado y tengan una orientación económica socialista permiten al gobierno intervenir directamente para sostener la inversión. Esto significa que Venezuela está en mejores condiciones para resistir la crisis financiera internacional, que si no fuera un gobierno socialista.

Las consecuencias prácticas en términos de política económica son claras. El núcleo de la política pública para enfrentar la crisis financiera debe tener tres componentes. En primer lugar, a fin de evitar la caída de la demanda en la economía debe mantener el consumo personal en un alto nivel. En segundo lugar, el gasto público debe sostenerse e incluso aumentarse, a fin de complementar el alto nivel de demanda por consumo. En tercer lugar, el Estado debe tomar fuertes medidas para mantener y aumentar el nivel de inversión a fin de contrarrestar lo que seguramente va a ser un declive en la inversión privada ocasionado por la recesión económica internacional. Además de su efecto inmediato para apuntalar la demanda de la economía, esta inversión debe aumentar la eficiencia a largo plazo de la economía y mejorar la calidad de vida de la población. En la mayoría de los países, incluidos China y Estados Unidos, la manera más efectiva de lograr esto es mediante un aumento drástico del gasto en infraestructura.

Este programa contracíclico será por supuesto mucho más efectivo si se coordina con los socios latinoamericanos de Venezuela.

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Venezuela’s trade confronted with the international financial crisis

December 23, 2008

An earlier article on this blog looked at Latin America’s trade on the eve of the present international financial crisis and at the implications of this trade pattern for policy to confront this crisis. The present article, within that overall context, looks at the specific situation of Venezuela’s trade.
However the issue of trade cannot be considered separately from other aspects of the unfolding international financial crisis in formulating an adequate policy response. It is therefore worth quoting the general points made regarding Latin America in the earlier article as these apply equally to Venezuela:
‘First, and most fundamental, is that in the international recession private investment will sharply decline or collapse. This is the most important mechanism that will drive the economy deep into recession. Therefore the most fundamental aspect of confronting the economic crisis is that a programme of state investment must be undertaken in order to maintain the overall level of investment in the economy. Such state investment programmes should have both an immediate counter-cyclical objective of preventing a decline in demand in the economy, that is a directly Keynesian aspect, and a strategic one of improving the efficiency of the economy. For this reason, in many cases, the most fruitful forms of investment are in infrastructure.
‘Second, the core of the present international economic crisis is within the financial system. In most countries in the world, including in the US, a programme of nationalisation of banks and financial institutions is therefore being carried out – Citigroup, AIG, Fannie Mae and Freddie Mac, Royal Bank of Scotland, Northern Rock, Bradford and Bingley etc.
‘Third, due to the financial crisis, private funding to large enterprises will be squeezed – as seen in the bail out of the US and other countries car industries. Governments are intervening to either take large shareholdings in, or fully nationalise, such companies in return for the financial assistance necessary to sustain them during the downturn.
‘Fourth, due to the financial crisis, private banks will drastically reduce or cease to lend to small and medium enterprises. Therefore new mechanisms, frequently bypassing private banks, must be developed in order to sustain lending to small and medium businesses.
‘Fifth, due to the financial crisis, mortgage lending for housing will severely contract or dry up – in the UK, for example, new mortgage lending has fallen by 80 per cent and a similar process is taking place in the US. This in turn will create a crisis in the house building industry. New mechanisms of lending for housing must be created and strong state intervention in the housing construction industry must be undertaken.
‘Sixth, while such programmes of state investment are geared up it is vital to prevent a decline in demand in the economy by maintaining the living standards and purchasing powers of the population. This should be done, in order to protect the strained position of companies’ finances during the recession, without placing an extra wage costs on enterprises – this may be achieved by measures such as reduction in sales tax or increase in state benefits.
‘Seventh, despite these measures unemployment, particularly due to the situation in the private sector, will rise. Measures of job creation and protection of the unemployed must be reinforced or put in place.
‘Eighth, the international recession has already led to a decline in commodity prices, including oil, which will create decreases in revenues to state budgets. However under conditions of recession all countries are expanding their budget deficits in a Keynesian fashion and therefore there must not be equivalent cuts in state spending to any decline in revenue.
‘It is evident from this list of key measures to deal with the international economic crisis that the policies of the Venezuelan opposition would be catastrophic, and are completely out of line with those being pursued in all other countries, as the opposition seeks to weaken, rather than strengthen, the role of the state in the economy. In all countries in the world a great expansion of the role of the state in the economy is taking place in order to confront the international financial crisis. The policies of the Venezuelan opposition would, therefore, greatly worsen the problems of Venezuela in meeting current international economic problems.
‘Within the overall context outlined above a very important place is occupied by the question of international trade. One of the most important factors leading to the deep economic depression after 1929 was the collapse of international trade. A decline in world trade would also further severely depress the price of commodity exports, including oil, which would greatly increase the budgetary problems of Venezuela. Venezuela, and Latin America as a whole, therefore have a great interest in maintaining international trade during this international economic crisis.’
This article examines overall parameters and objective possibilities of Venezuela’s trade within that overall context of the unfolding of the international economic crisis.
The overall features of Venezuela’s trade may be succinctly summarised. Concerning exports, Venezuela continues to be heavily dependent on exports to industrialised countries and to the US in particular. There has only been, if at all, some marginal shift away from this and the change remains extremely limited. This is the weak point in Venezuela’s trade both strategically and immediately in confronting the international financial crisis. It is impossible in the very short period of time, which is measured in months, available to confront the economic crisis to diversify Venezuela’s export structure sufficiently to compensate for the decline in the value of demand for Venezuelan exports that will come from the US – i.e. no alternative markets for exports can be found quickly enough to compensate for the decrease in US demand. It therefore follows that a programme to counter the economic crisis, in terms of demand, must centre on boosting Venezuela’s domestic economy.
In the field of imports the situation is much more satisfactory. The policy pursued by president Chavez regarding Venezuela’s imports is both in line with the main trends of the development of the world economy in the last period, which is for an increasing share of world trade to come from developing countries, and with the goal of Latin American integration. Trends in the structure of Venezuela’s imports are, therefore, positive both from the strategic point of view and from the more immediate one of confronting the international economic crisis.
Taking exports and imports together the structure of Venezuela’s trade has, therefore, improved during the last ten years. Ten years ago Venezuela was essentially exporting its oil to the US and importing goods from the US. That is, in essence, Venezuela was exchanging oil for US goods.
Such a non-diverse trade structure was both unhealthy in itself and left Venezuela dangerously exposed to developments in the US economy – a danger clearly revealed in the present situation as the centre of the current world economic crisis is in the US. Today, on the contrary, Venezuela is essentially exporting its oil to the US but importing goods from Latin America and the Caribbean and Asia. Therefore in the new trade structure Venezuela is essentially exchanging its oil for goods from Latin America and the Caribbean and from developing Asian economies – the fact that this exchange, in terms of monetary flows, goes via the US should not obscure the essential reality of Venezuela’s new, healthier, trade pattern.
Venezuela’s trade has therefore both developed in line with the main trends in the world economy and is much better structure than it was ten years ago – the key remaining weakness, which will play a negative role in the financial crisis as noted, is the continuing dependence on exports to the US which will take a substantial time to correct.
These trends will now be considered in greater detail.
Considering first the structure of Venezuela’s imports, as is shown in Figure 1 there has been a long term trend for an increasing share of Venezuela’s imports to come from developing countries. This trend started well before President Chavez came to power. Under President Chavez the existing trend has somewhat speeded up but it was not created under his administration.

Figure 1

In 1980 86.4 per cent of Venezuela’s imports came from already industrialised countries and only 13.5 per cent from developing countries. By 2007 56.0 per cent of Venezuela’s imports came from developing countries compared to 43.0 per cent from already industrialised countries. Imports from developing countries overtook those from already industrialised countries for the first time in 2006.
Turning to more detailed trends for Venezuela’s imports by area, these are shown in Figure 2. Imports from Latin America and the Caribbean as a whole have overtaken imports from the US – although the US remains Venezuela’s single largest source of imports from a single country. In 2007 26.6 per cent of Venezuela’s imports were from the US compared to 42.8 per cent from other countries in Latin America and the Caribbean.

Figure 2

Turning to imports from individual countries, in 2007 26.6 per cent of Venezuela’s imports come from the US. The largest country sources of Venezuela’s imports, after the US, are shown in Figure 3. The largest sources of Venezuela’s imports after the US are from Colombia – 13.5 per cent, Brazil – 9.6 per cent, China – 6.7 per cent, and Mexico – 3.1 per cent.
In addition to imports from Latin America and the Caribbean, Venezuela’s imports from developing Asian countries were also rising relatively strongly and by 2007 represented 11.4 per cent of Venezuela’s total imports.

Figure 3

Imports from the European Union have declined from 30.3 per cent of Venezuela’s imports in 1989 to 11.7 per cent in 2007. Imports from other areas are very small.
The overall trend of Venezuela’s imports is therefore clear. The most important source of Venezuela’s imports has now become Latin America and the Caribbean, supplemented by an important increasing trade with developing Asian countries. This is in line with general world trends and is economically normal and healthy – as well as being in line with the goal of Latin American and Caribbean integration.
Turning to exports, analysis is complicated by a long term trend, which predated President Chavez’s election, for an increasing proportion of Venezuela’s exports to be categorised as for ‘non-specific destinations’ – the proportion so categorised increasing from 0.1 per cent of Venezuela’s exports in 1985 to 23.8 per cent in 2007. Statistically this produces a tendency for the reported share of Venezuela’s exports to all specified areas to reduce. To deal with this statistical distortion figures have been calculated both for percentages of Venezuela’s total exports (i.e. the total including exports to ‘non-specific’ destinations) and for the percentage of exports to specified destinations. As will be seen, the detailed export figures differ depending which measure is taken but the fundamental trends to do not alter.
As may be seen from Figure 4, whether total exports are taken, or exports to specified destinations, there is no trend for an increasing share of Venezuela’s exports to go to developing countries in the way that there is one for its imports to come increasingly from developing countries. The share of Venezuela’s exports going to countries that are already industrialised has therefore not fallen.

Figure 4

Considering this in more detail, Figure 5 illustrates the well known fact that Venezuela remains highly dependent on exports to the US.

Figure 5

This trend is not quite as adverse for the overall trade situation as it may appear at first sight if the diversification of imports is taken into account. If monetary flows are ignored, and the actual exchange of commodities taking place is considered, in essence Venezuela is now exchanging its exports of oil for imports of goods from developing countries – although this exchange is taking place via the intermediary of the financial flow of the purchase of oil by the US. While this situation is not satisfactory it is a considerable improvement over the previous pattern whereby Venezuela depended for both exports and imports on trade with the US.
Nevertheless this situation of export dependency on the US is undoubtedly dangerous for Venezuela’s economy strategically – as it revealed clearly by its consequences in the current international economic crisis.
The centre of world financial crisis is in the United States, and the US economy is moving into severe recession. Under those circumstances there will be a very significant reduction in US demand for Venezuelan oil in terms of the value purchased and very probably also in physical volume. Its dependence on the US for oil exports therefore constitutes an undoubted considerable danger for Venezuela both strategically and within the immediate financial crisis. This justifies the stated goal of the Venezuelan government to move away from excessive reliance on exports to the US. But it is clear that this goal cannot be achieved quickly and certainly not in time to seriously mitigate its adverse consequences in an international economic crisis that has already begun.
Considering possibilities for diversification of exports the percentage of Venezuelan exports to individual industrialised countries and areas are shown in Figure 5. As may be seen, Venezuela’s exports to both the European Union and Japan have been persistently falling as a percentage of its total exports. The share of the European Union in Venezuela’s total exports fell from 18.9 per cent in 1980 to 7.7 per cent in 2007. The share of Japan in Venezuela’s total exports fell from 3.5 per cent in 1980 to 0.5 per cent in 2007. These long term trends confirm the dependence of Venezuela on oil exports to the US and also indicates that the European Union and Japan are cannot be serious alternative markets for diversification of Venezuela’s oil exports.
Turning to Venezuela’s exports to developing countries these are shown in Figure 7, for the percentage of exports going to specified destinations, and in Figure 8 for the percentage of total exports. Again the detailed figures will be seen to differ with the different classifications but the fundamental trends remain identical.

Figure 6

As may be seen, the percentage of Venezuela’s exports going to developing European countries, to the Middle East, and to developing countries in Eastern Europe is extremely small. The percentage of Venezuela’s exports going to other countries in Latin America and the Caribbean is significant but has been falling significantly – in 2007 40.4 per cent of Venezuela’s exports to specified destinations were to other countries in Latin America and the Caribbean whereas by 2007 this had fallen to 21.3 per cent. Venezuela’s exports to developing Asian countries has been rising but is still low – the percentage of Venezuela’s exports to specified destinations going to developing Asian countries rose from 0.6 per cent in 2000 to 5.1 per cent in 2007.

Figure 7

The only developing countries to which Venezuelan exports have significantly increased are Cuba, essentially in exchange for health and other services, and China – Cuba now accounts for 3.9 per cent of Venezuela’s exports to specified destinations and China for 4.1 per cent. Given its extremely large and rapidly growing economy, the second largest in the world in real terms, there is considerable potential in principle for Venezuela to increase exports to China – China is now the second largest individual country market for Venezuelan exports although exports to this market are still so far only one tenth of the size of the US one. The fact that Venezuela faces the Atlantic and not the Pacific is also a limiting factor on oil exports to China.It is therefore clear that while great progress has been made is a more satisfactory structure of imports great difficulties exist for Venezuela in diversifying exports and this will be a medium and long term process.
To summarise again while Venezuela’s trade situation is not satisfactory considerable progress has been made in improving its structure of Venezuela’s trade. However, while such progress is important strategically it is necessary to be extremely realistic when considering the possibilities flowing from trade in regard to the present international economic crisis. It will not be possible to diversify Venezuela’s exports in the short term sufficiently to compensate in the field of international trade for the severe recession that is developing in the US. The main emphasis in a programme to confront the international financial crisis for Venezuela must therefore be stimulation of its domestic economy.

El comercio de Venezuela frente a la crisis financiera internacional

December 22, 2008

Un artículo publicado anteriormente en este blog abordó el tema del comercio en América Latina a las puertas de la actual crisis financiera internacional y las implicaciones de este patrón comercial para las políticas dirigidas a confrontar la crisis. Este artículo, dentro del contexto general, analiza la situación específica del comercio en Venezuela.

Sin embargo, el tema del comercio no se puede tratar en forma aislada de otros aspectos de la actual crisis financiera internacional al formular las políticas adecuadas. Por lo tanto, vale la pena mencionar datos generales relacionados con América Latina en el artículo anterior, pues estos tienen vigencia igualmente para Venezuela.

“Lo primero y principal es que en la recesión internacional se reducirá abruptamente o colapsará la inversión privada. Éste es el mecanismo más importante que hará que la economía caiga en una profunda recesión. Por lo tanto, el aspecto fundamental para enfrentar la crisis económica es emprender un programa de inversión pública que permita mantener el nivel general de inversiones en la economía. Este tipo de programas de inversión pública debería tener el objetivo inmediato anticíclico de evitar una caída de la demanda, el cual es un aspecto directamente keynesiano, y un objetivo estratégico de mejorar la eficiencia de la economía. Por esta razón, en muchos casos, la forma más fructífera de inversión es la inversión en infraestructura.

En segundo lugar, el núcleo de la actual crisis económica internacional está dentro del sistema financiero. En la mayoría de los países, entre ellos Estados Unidos, se está llevando a cabo un programa de nacionalización de bancos e instituciones financieras, entre las que se encuentran Citigroup, AIG, Fannie Mae y Freddie Mac, Royal Bank of Scotland, Northern Rock, Bradford y Bingley, etc.

Tercero, debido a la crisis financiera, se reducirá el financiamiento privado a grandes empresas, como se ha visto en el caso de la industria automotriz de Estados Unidos y otros países. Los gobiernos están interviniendo para tomar grandes participaciones accionarias o para nacionalizar completamente dichas compañías a cambio de la ayuda financiera necesaria para sostenerlas durante el bajón.

Cuarto, debido a la crisis financiera, los bancos privados reducirán drásticamente sus créditos o dejarán de concederlos a empresas pequeñas y medianas. Por lo tanto, se debe desarrollar nuevos mecanismos, a menudo pasando por encima de los bancos privados, para mantener el crédito a dichas empresas.

En quinto lugar, debido a la crisis financiera, los créditos hipotecarios se contraerán fuertemente o se agotarán; en el Reino Unido, por ejemplo, los nuevos créditos hipotecarios han caído 80 por ciento y un proceso similar está ocurriendo en Estados Unidos. Esto, a su vez, creará una crisis en la industria de la construcción. Se debe crear nuevos mecanismos de créditos para viviendas e iniciar una fuerte intervención del Estado en este sector.

Sexto, aunque estén preparados los programas de inversión estatal, es vital impedir una caída de la demanda en la economía manteniendo el nivel de vida y el poder adquisitivo de la población, a fin de proteger la difícil posición de las finanzas de las empresas durante la recesión, sin colocar sobre ellas la presión de costos salariales adicionales; esto se podría lograr mediante medidas tales como reducción del impuesto sobre las ventas o el aumento de los programas sociales del Estado.

En séptimo lugar, a pesar de estas medidas, aumentará el desempleo, en particular debido a la situación del sector privado. Se debe emprender o fortalecer acciones como la creación de puestos de trabajo y la protección de los desempleados.

Octavo, la recesión internacional ya ha conducido a una baja de los precios de las materias primas, incluyendo el petróleo, lo que provocará una reducción de ingresos en los presupuestos del Estado. Sin embargo, en condiciones de recesión, en todos los países se produce una expansión del déficit presupuestario en un sentido keynesiano y, por lo tanto, no debe haber recortes en el gasto público equivalentes a la caída de los ingresos.

A partir de esta lista de medidas clave para enfrentar la crisis económica internacional es evidente que las políticas de la oposición venezolana serían catastróficas y están completamente desfasadas con respecto a las que se están adelantando en todos los demás países del mundo; mientras tanto dicha oposición busca debilitar, en lugar de fortalecer, el papel del Estado en la economía. En todos los países del mundo se está produciendo una gran expansión de la intervención del Estado en la economía con el objeto de enfrentar la crisis financiera internacional. Por consiguiente, las políticas de la oposición venezolana empeorarían considerablemente las posibilidades de Venezuela para abordar los problemas económicos internacionales.

Dentro del contexto general ya descrito, el tema del comercio internacional ocupa una posición preponderante. Uno de los principales factores que condujo a la profunda depresión económica después de 1929 fue el derrumbe del comercio internacional. Una caída del comercio mundial también deprimiría gravemente el precio de las exportaciones de materias primas, incluyendo el petróleo, con lo que se intensificarían de manera significativa los problemas presupuestarios de Venezuela.

Venezuela y América Latina en general tienen, por ende, gran interés en mantener el comercio internacional durante esta crisis económica”.

El presente artículo examina los parámetros generales y las posibilidades objetivas del comercio en Venezuela dentro del contexto de la actual crisis económica internacional.

Los rasgos generales del comercio venezolano se pueden resumir brevemente. En cuanto a las exportaciones, Venezuela sigue dependiendo en gran medida de las exportaciones hacia países industrializados y Estados Unidos en particular. Apenas se ha producido, si acaso, algún cambio marginal hacia otros mercados, pero éste sigue siendo extremadamente limitado. Éste es el punto débil del comercio de Venezuela tanto desde el punto de vista estratégico como con respecto a la necesidad inmediata de confrontar la crisis financiera internacional. Es imposible en el cortísimo lapso del que dispone el país para hacer frente a la crisis económica, el cual es cuestión de meses, diversificar la estructura de exportaciones en forma suficiente para compensar la caída del valor de la demanda de las exportaciones venezolanas que ocurrirá en Estados Unidos; es decir, no es posible encontrar otros mercados de exportación con la rapidez suficiente para compensar la caída de la demanda desde Estados Unidos. Por consiguiente, se infiere que cualquier programa para enfrentar la crisis económica, en relación con la demanda, debe centrarse en impulsar la economía interna.

En el área de las importaciones, la situación es mucho más satisfactoria. La política de importación que ha seguido el presidente Chávez va acorde tanto con las principales tendencias del desarrollo de la economía mundial en el período reciente, según las cuales una proporción creciente del comercio mundial proviene de los países en desarrollo, como con el objetivo de integración latinoamericana.

Por consiguiente, las tendencias de la estructura de importaciones de Venezuela son positivas tanto desde el punto de vista estratégico como de la meta más inmediata de enfrentar la crisis.

Considerando las exportaciones e importaciones en conjunto, se observa que la estructura del comercio venezolano ha mejorado durante los últimos diez años. Hace una década, Venezuela básicamente exportaba su petróleo hacia Estados Unidos e importaba bienes desde ese país. Es decir que Venezuela, en esencia, intercambiaba petróleo por bienes producidos en Estados Unidos.

Esta estructura comercial no diversificada no era sana y dejaba a Venezuela peligrosamente expuesta a los avatares de la economía estadounidense, un peligro que quedó claramente en evidencia en la situación actual, pues el centro de la crisis económica mundial está en Estados Unidos.

Hoy en día, por el contrario, Venezuela básicamente exporta su crudo hacia Estados Unidos, pero importa bienes desde América Latina y el Caribe y Asia. Por lo tanto, en la nueva estructura del comercio, Venezuela intercambia su petróleo por bienes de América Latina y el Caribe y de las economías en desarrollo de Asia; el hecho de que este intercambio, en términos del flujo monetario, pase a través de Estados Unidos no debe ocultar la realidad esencial de que ahora, el patrón comercial de Venezuela es más sano.

Por consiguiente, el comercio venezolano se ha desarrollado de acuerdo con las principales tendencias de la economía mundial y tiene una estructura mucho mejor que hace diez años, pero la debilidad principal que aún persiste y que tendrá un papel negativo en la crisis financiera, tal como ya se indicó, es la continua dependencia de las exportaciones hacia Estados Unidos; una situación que tardará un tiempo considerable en ser corregida.

A continuación analizaremos estas tendencias en mayor detalle.

Considerando en primer lugar la estructura de las importaciones en Venezuela (Figura 1), se ha registrado una tendencia a largo plazo que apunta a que una proporción cada vez mayor de las importaciones de Venezuela proviene de países en desarrollo, la cual se inició mucho antes de que el presidente Chávez llegara al poder. Si bien con el presidente Chávez la tendencia se ha acelerado de alguna manera, ésta no nació durante su gobierno.

Figura 1

En 1980, 86,4 por ciento de las importaciones de Venezuela provenía de países ya industrializados y apenas 13,5 por ciento de países en desarrollo. Para 2007, 56,0 por ciento de las importaciones venezolanas provenía de países en desarrollo, en comparación con 43,0 por ciento de países industrializados. Las importaciones desde países en desarrollo superaron por primera vez en 2006 las de los países desarrollados.

Analizando en forma más detallada las importaciones venezolanas por área (Figura 2), las importaciones desde América Latina en general superaron las provenientes de Estados Unidos, aunque este país sigue siendo la principal fuente de importaciones de Venezuela. En 2007, 26,6 por ciento de las importaciones venezolanas se originaron en Estados Unidos, en comparación con 42,8 por ciento desde otros países de América Latina y el Caribe.

Figura 2

Desglosadas por país, en 2007, 26,6 por ciento de las importaciones venezolanas provino de Estados Unidos. Las mayores fuentes de importaciones de Venezuela, después de Estados Unidos, se muestran en la Figura 3: Colombia, 13,5 por ciento, Brasil, 9,6 por ciento, China, 6,7 por ciento y México, 3,1 por ciento.

Figura 3

Además de las importaciones desde América Latina y el Caribe, las importaciones de Venezuela desde los países asiáticos en desarrollo también registraron un crecimiento relativamente fuerte y para 2007 representaban 11,4 por ciento del total de importaciones desde Venezuela.

Las importaciones a Venezuela desde la Unión Europea cayeron de 30,3 por ciento en 1989 a 11,7 por ciento en 2007 y el nivel de importaciones desde otras zonas es muy pequeño.

En consecuencia, la tendencia general de las importaciones venezolanas es muy clara. La fuente más importante de las importaciones venezolanas ahora es América Latina y el Caribe, complementadas por un importante comercio creciente con países asiáticos en desarrollo, lo que sigue las tendencias mundiales en general y es normal y saludable desde el punto de vista económico, además de satisfacer los objetivos de la integración de América Latina y el Caribe.

Con respecto a las exportaciones, el análisis se complica debido a una tendencia a largo plazo, la cual es anterior al mandato del presidente Chávez y apunta a que una proporción cada vez mayor de las exportaciones de Venezuela se debe categorizar como “destinos no específicos”; esta proporción se incrementó de 0,1 por ciento de las exportaciones venezolanas en 1985 a 23,8 por ciento en 2007. Estadísticamente se observa una tendencia decreciente para la proporción reseñada de las exportaciones de Venezuela hacia todas las áreas especificadas. Para manejar esta distorsión estadística, las cifras han sido calculadas tanto como porcentajes del total de exportaciones de Venezuela (es decir, incluyendo exportaciones hacia “destinos no específicos”) y como porcentaje de exportaciones hacia destinos específicos. Se verá que las cifras de exportaciones detalladas son diferentes, dependiendo de cuál sea la base de cálculo que se tome, pero las tendencias básicas no se alteran.

Como se puede observar en la Figura 4, independientemente de que se tome el total de las exportaciones o aquellas hacia destinos específicos, no se observa ninguna tendencia que indique que una mayor proporción de exportaciones venezolanas vaya hacia los países en desarrollo, similar a la que señala que un volumen creciente de importaciones proviene de países en desarrollo. Por lo tanto, se puede afirmar que la proporción de las exportaciones venezolanas que se dirigen a países industrializados no ha decrecido.

Figura 4

Considerando lo anterior en forma detallada, la Figura 5 ilustra el hecho bien conocido de que Venezuela sigue siendo muy dependiente de las exportaciones hacia Estados Unidos.

Figura 5

Esta tendencia no es tan adversa para la situación del comercio en general como podría parecer a primera vista, si se considera la diversificación de las importaciones. Si se no se toman en cuenta los flujos monetarios pero sí se incluye el intercambio de materias primas que está teniendo lugar en estos momentos, básicamente Venezuela ahora está intercambiando sus exportaciones de crudo por importaciones de bienes desde países en desarrollo, aunque este intercambio se está produciendo teniendo como intermediario el flujo financiero de la compra de petróleo por parte de Estados Unidos. Si bien esta situación no es satisfactoria, sí representa una considerable mejora con respecto al patrón anterior, según el cual Venezuela dependía de Estados Unidos tanto para sus exportaciones como importaciones.

No obstante, esta situación de dependencia de las exportaciones frente a Estados Unidos sin duda es peligrosa para la economía venezolana desde el punto de vista estratégico, como han dejado ver en forma inequívoca sus consecuencias en la actual crisis económica internacional.

El centro de la crisis financiera mundial es Estados Unidos y su economía se acerca a una grave recesión. Bajo estas circunstancias, se registrará una importante reducción de la demanda de ese país por el crudo venezolano en términos del valor comprado y muy probablemente también en cuanto al volumen físico. Por tanto, su dependencia de Estados Unidos para las exportaciones de petróleo constituye sin duda un peligro considerable para el país, tanto desde el punto de vista estratégico como dentro de la crisis financiera inmediata. Esto justifica la meta señalada del gobierno venezolano de reducir su excesiva dependencia de las exportaciones hacia Estados Unidos. Pero está claro que esta meta no se podrá alcanzar rápidamente y, ciertamente, no a tiempo para mitigar las consecuencias adversas de esta situación en una crisis económica que ya está en marcha.

Considerando las posibilidades de diversificación de exportaciones, en la Figura 5 se muestra el porcentaje de exportaciones venezolanas por países industrializados y regiones. La figura muestra cómo las exportaciones de Venezuela hacia la Unión Europea y Japón han estado disminuyendo continuamente como porcentaje del total de sus exportaciones. La proporción de exportaciones venezolanas hacia la Unión Europea cayó de 18,9 por ciento en 1980 a 7,7 por ciento en 2007; la de Japón descendió de 3,5 por ciento en 1980 a 0,5 por ciento en 2007.

Estas tendencias a largo plazo confirman cómo Venezuela sigue dependiendo de las exportaciones de petróleo hacia Estados Unidos y señalan que la Unión Europea y Japón no pueden ser mercados alternativos serios para la diversificación de las exportaciones petroleras venezolanas.

La situación de las exportaciones de Venezuela hacia países en desarrollo se muestra en la Figura 6 como porcentaje de exportaciones que se dirigen a destinos específicos y en la Figura 7 como porcentaje del total de exportaciones. De nuevo se observa que las cifras son diferentes de acuerdo con las distintas clasificaciones, pero las tendencias fundamentales siguen siendo iguales.

Figura 6

Se puede ver que el porcentaje de exportaciones venezolanas que va al Medio Oriente y a países en desarrollo de Europa Oriental es sumamente bajo. El porcentaje que se dirige a otros países de América Latina y el Caribe es significativo, pero ha estado descendiendo considerablemente: en 2007, 40,4 por ciento de las exportaciones de Venezuela hacia destinos específicos se dirigieron hacia otros países en América Latina y el Caribe, mientras que para 2007, el porcentaje había caído a 21,3. Las exportaciones venezolanas hacia países en desarrollo de Asia se habían incrementado, pero seguían siendo bajas; por su parte, el porcentaje de exportaciones hacia destinos específicos, en este caso, países asiáticos en desarrollo, creció de 0,6 en 2000 a 5,1 en 2007.

Figura 7

Los únicos países en desarrollo hacia los cuales se han multiplicado en forma significativa las exportaciones venezolanas son Cuba, básicamente a cambio de servicios de salud y de otra índole, y China. Cuba ahora recibe 3,9 por ciento de las exportaciones venezolanas hacia destinos específicos y China, 4,1 por ciento. Ante el rápido crecimiento y la enorme dimensión de la economía china, la segunda del mundo en términos reales, en principio existe un considerable potencial para que Venezuela aumente sus exportaciones hacia el gigante asiático. China es ahora el segundo mercado para las exportaciones venezolanas, aunque las exportaciones hacia este mercado siguen siendo hasta ahora un décimo de la magnitud de las que se dirigen hacia Estados Unidos. El hecho de que Venezuela tenga costas hacia el océano Atlántico y no hacia el Pacífico también es un factor limitante para las exportaciones de crudo hacia China.

Por ende, está claro que aunque se han registrado avances hacia una estructura de importaciones más satisfactoria, existen grandes dificultades para que Venezuela pueda diversificar las exportaciones y, en todo caso, éste será un proceso a mediano y largo plazo.

En suma, si bien la situación del comercio de Venezuela no es satisfactoria, se han dado grandes pasos hacia un mejoramiento de la estructura comercial del país. No obstante, aunque se trata de un importante logro desde el punto de vista estratégico, es necesario ser extremadamente realista cuando se consideran las posibilidades que ofrece el comercio con respecto a la actual crisis económica mundial. No será posible diversificar las exportaciones venezolanas a corto plazo lo suficiente para compensar, en el ámbito del comercio internacional, la grave recesión que se está desarrollando en Estados Unidos. El principal énfasis en un programa dirigido a enfrentar la crisis financiera internacional para Venezuela debe ser, por consiguiente, la estimulación de su economía interna.

Catastrophic economic policies of the Venezuelan ‘Opposition’

December 21, 2008

The process taking place in Venezuela is usually looked at from a political angle – the 21st Century Socialism project of Hugo Chavez. There is, however, another interrelated dimension – the question of what economic processes underpinned Hugo Chavez coming to office and of the economic policies now being pursued? This blog will consider these issues.
A necessary starting point is the economic situation, to be more precise the catastrophic economic situation, which led to Hugo Chavez’s election.
The present so called ‘Opposition’ to Chavez are in fact the previous ruling groups in Venezuela. The reason they lost power is that they produced an economic disaster in Venezuela without comparison in any major country in Latin America – indeed with few parallels in any major country in the world.
The fundamental features of this disaster may be seen in Figure 1, which shows the total growth in GDP per capita of the major Latin American countries between 1950 and 1998 – the year Chavez was elected. In this entire 48 year period GDP per capita in Venezuela rose by only 20 per cent – compared to 65 per cent in Peru, 78 per cent in Uruguay, 83 per cent in Argentina, 149 per cent in Colombia, 178 per cent in Chile, 185 per cent in Mexico, and 224 per cent in Brazil. [1]

Figure 1

In terms of annual growth rates, the average annual increase in GDP per capita for these eight major Latin American countries during this 48 year period was 1.8 per cent – for Venezuela it was less than a quarter of this at 0.4 per cent a year.
In terms of country comparisons, Venezuela’s GDP per capita grew at 0.4 per cent a year throughout this period compared to 1.0 per cent a year in Peru, 1.2 per cent in Uruguay, 1.3 per cent in Argentina, 1.9 per cent in Colombia, 2.1 per cent in Chile, 2.2 per cent in Mexico, and 2.5 per cent in Brazil. These figures alone show that the ‘Opposition’ in Venezuela represented the greatest group of economic incompetents in Latin America.
Examination of more detailed figures, however, shows that the trends produced by the Venezuelan ‘Opposition’ were in fact even worse than those shown by the averages for the period.
Figure 2 shows Venezuelan GDP per capita for each year up to 1998, the year Chavez won the election, compared to the 1950 level. It shows not only the extraordinary stagnation of Venezuelan economic development for almost half a century after 1950 but that for the 24 years up to 2003, when Chavez broke the ‘Opposition’ control of the state oil company PDVSA (Petróleos de Venezuela, S.A.), GDP per capita in Venezuela was actually falling.
This extraordinary, almost quarter of a century, of declining Venezuela GDP per capita provides the background to the tumultuous political events of this period – the 1989 riots against neo-liberal policies (the Caracazo), the February 1992 attempted military coup led by Chavez, the attempted military coup led by Admiral Gruber in November that year, and the eventual presidential electoral victory of Hugo Chavez in December 1998.

Figure 2

Venezuela’s relative decline in this period was even sharper than its absolute one.
Venezuela had entered the second half of the 20th century as by a huge margin the richest country in Latin America – its GDP per capita was almost three times the average for the eight major Latin American countries considered above. However while the rest of Latin America grew Venezuela stagnated. By 2003 Venezuela’s GDP per capita was only 11 per cent above the average for the major Latin American states.
This quarter century of economic decline under the control of the Venezuelan ‘Opposition’ is shown in Figure 3. This graph shows clearly that what was involved in Venezuela’s decline under the leadership of the ‘Opposition’s’ policies was not some individual crisis but a prolonged and total inability to develop the country.

Figure 3

The development after Chavez broke the control of the ‘Opposition’ over the PDVSA in 2003 is shown in Figure 4. There was a sharp immediate sharp recovery in GDP per capita which has continued to the present.

Figure 4

To summarise, the conclusion of these trends is clear. What is involved with the policies of the Venezuelan ‘Opposition’ is not some particular mistake. It has displayed an inability over more than half a century to develop Venezuela – despite the fact that, in oil, it had greater resources than any other Latin American country. Instead of developing Venezuela the ‘Opposition’ led it to the greatest economic catastrophe of any major Latin American state – this failure was not episodic or cyclical but extended over many decades. The ‘Opposition’ is a therefore a grouping whose whole record shows they have not the slightest right to be taken seriously regarding economic policy.
Chavez has already set about meeting many immediate needs of the Venezuelan population through improving health, education, food supply and many other services. What also has to be tackled is the long term economic development of the country.
Examining this is the goal of this blog.

[1] Calculated from Angus Maddison World Population, GDP and Per Capita GDP, 1-2003 AD. Angus Maddison is the world’s leading authority on long term economic statistics – former head of the Organisation for European Economic Cooperation (OEEC) economics division. He is first professor, and then emeritus professor at Groningen University and remained there until his retirement. Angus Maddison received a royal decoration as Commander in the Netherlands Order of Orange Nassau. All figures in this article are calculated from this source unless otherwise specifically stated.

Las políticas económicas catastróficas de la oposición venezolana

December 21, 2008

Por lo general, el proceso venezolano se analiza desde la perspectiva política: el proyecto del socialismo del Siglo 21 de Hugo Chávez. Existe sin embargo otra dimensión, la cuestión de saber cómo era el proceso económico que desembocó en la elección de Hugo Chávez y las políticas económicas que se adoptan en la actualidad. Este Blog abordará estos temas.

Necesariamente el punto de partida es la situación económica, y siendo más precisos, la situación económica catastrófica que condujo a la elección de Hugo Chávez.

La llamada “oposición” a Hugo Chávez está formada, de hecho, por los anteriores grupos dirigentes de Venezuela. La razón por la cual perdieron el poder fue que generaron un desastre económico sin parangón en ningún otro gran país de América Latina, de hecho sin equivalente en ningún otro gran país del mundo.

La Figura 1 muestra las características fundamentales de este desastre, allí se observa el crecimiento total del PIB per cápita de los principales países latinoamericanos entre 1950 y 1998, el año en que Chávez fue electo. Durante estos 48 años, el PIB per cápita del país sólo aumentó en un 20% en comparación con 65% en Perú, 78% en Uruguay, 83% en Argentina, 149% en Colombia, 178% en Chile, 185% en Méjico y 224% en Brasil.

Figura 1

En términos de crecimiento anual, el aumento promedio del PIB per cápita de estos ocho grandes países latinoamericanos durante este período fue de 1,8%, en el caso de Venezuela fue menos de ¼ de esto, ubicándose en 0,4% anual.
Si hacemos una comparación entre países, el PIB per cápita venezolano aumentó en un 0,4% anual durante el período respecto a 1,0% en Perú, 1,2% en Uruguay, 1,3% en Argentina, 1,9% en Colombia, 2,1% en Chile, 2,2% en Méjico y 2,5% en Brasil. Por sí solas, estas cifras muestran que la “oposición” venezolana constituyó el mayor grupo de incompetentes en materia económica de la región.

Cuando se examina en detalle las cifras observamos sin embargo que las tendencias producidas por la oposición venezolana fueron en realidad incluso peores que lo que indican los promedios del período.

La Figura 2 muestra el PIB venezolano per cápita para cada año hasta 1998, cuando Chávez fue electo, y se le compara con el nivel de 1950. Esto arroja no solo el extraordinario estancamiento del desarrollo económico venezolano durante casi medio siglo después de 1950, sino que durante 24 años hasta el 2003, cuando Chávez acabó con el control de la oposición sobre la empresa estatal petrolera PDVSA, el PIB per cápita del país en realidad estaba cayendo.

Este extraordinario período de casi un cuarto de siglo de declive del PIB per cápita venezolano sirve de marco a los tumultuosos eventos políticos que se produjeron seguidamente: la explosión social de 1989 en contra de las políticas neoliberales (El Caracazo), el intento de golpe militar de febrero de 1992 liderado por Chávez, el intento de golpe militar del Almirante Gruber en noviembre del mismo año y por último la victoria electoral de Hugo Chávez en diciembre de 1998.

Figura 2

La caída relativa del país en este período fue incluso mayor que la caída absoluta. Venezuela había entrado en la segunda mitad del Siglo 20 como el país más rico de América Latina. Su PIB per cápita era casi tres veces el promedio de los ocho principales países latinoamericanos ya mencionados. Sin embargo, mientras el resto de América Latina creció, Venezuela se estancó. En el 2003, el PIB per cápita de Venezuela se ubicó apenas en un 11% por encima del promedio de los principales estados latinoamericanos. Este cuarto de siglo de declive económico bajo el control de la oposición venezolana se muestra en la Figura 3. El gráfico indica claramente que lo que estaba detrás del declive de Venezuela bajo el liderazgo de la oposición no era una crisis individual sino una incapacidad prolongada y total para desarrollar el país.
Figura 3

El desarrollo ocurrido después de que Chávez puso fin al control de la oposición sobre PDVSA se muestra en la Figura 4. Allí observamos una inmediata y drástica recuperación del PIB per cápita que se ha prolongado hasta el presente.

Figura 4

En resumen, la conclusión de estas tendencias es clara. Las políticas de la oposición venezolana no pueden explicarse como un simple error. Ésta ha desplegado, por más de medio siglo, una total incapacidad para lograr el desarrollo nacional, a pesar de disponer de mayores recursos que cualquier otra nación latinoamericana. En lugar de desarrollar el país, la oposición lo llevó a la mayor catástrofe económica de la región, este fracaso no fue episódico o cíclico sino que se extendió por muchas décadas. Por lo tanto, estas cifras indican que la oposición no puede ser tomada en serio cuando de política económica se trata. Chávez ya ha iniciado el proceso de satisfacer muchas necesidades inmediatas del pueblo venezolano a través de mejoras en la salud, la educación, el suministro de alimentos y otros servicios. Ahora es necesario abordar el desarrollo económico de largo plazo del país. He aquí el objetivo de este Blog.

Key parameters for Venezuelan economic development

December 21, 2008

In order to engage in discussion regarding the economic strategy that is required in Venezuela it is important to grasp the chief parameters determining economic development in all countries, as Venezuela cannot voluntaristically chose a path of economic development but it must apply objective economic laws.
Examination of long term historical experience shows that the decisive issue in determining the rate of growth of any country’s economy is the proportion of the economy devoted to investment (gross domestic fixed capital formation). This is itself determined by the total (i.e. private, company, and government) savings level as every act of investment must be financed by an equivalent act of saving.
To illustrate this Figure 1 below shows the percentage of fixed investment (gross fixed capital formation) in GDP for a series of major countries over the longest periods of time for which data is available.[1]

Figure 1

The pattern is clear and striking. By far the strongest trend is for the proportion of GDP devoted to fixed capital formation to rise with time. This rising proportion of fixed investment in GDP in turn, as will be seen, is associated with rising rates of economic growth.
Taking the countries in the chronological order of when a new peak in the proportion of GDP devoted to gross fixed domestic capital formation appeared the following pattern appears.
Going back to the period immediately antedating the industrial revolution, the proportion of GDP devoted to fixed capital formation in England and Wales, at the end of the 17th century, was 5-7 per cent. This rose slightly, although current estimates are that it did not rise greatly, during the 19th century – peaking at over ten percent of UK GDP prior to World War I. This level of investment was sufficient to launch the first industrialisation of any country, but at a rate of growth that, while unprecedented for the time, was extremely slow by contemporary standards – about two per cent a year. On that basis of such a growth rate it takes 35 years for an economy to double in size and 70 years to quadruple.
Turning to the latter part of the 19th century, the proportion of US GDP devoted to gross domestic fixed capital formation had grown to considerably exceed the UK – rising to 18-20 per cent of GDP by the last decades of the century. A sharp fall in the proportion of the US economy devoted to investment commenced in the late 19th century and was particularly pronounced during the period between World War I and World War II – being associated with the great depression of the inter-war period. After World War II the US resumed its pattern of 18-20 per cent of GDP being devoted to gross fixed capital formation. This generated an average growth rate of 3.5 per cent a year. With such a growth rate an economy doubles in size every 20 years and quadruples in size every 40 years. It was on the basis of this level of investment, and growth rate, that the US overtook Britain to become the greatest economic power in the world.
In the period following World War II Germany achieved a level of fixed investment exceeding 25 per cent of GDP – peaking at 26.6 per cent in 1964. This period 1951-64 was the post-war German ‘economic miracle’ with average growth of 6.8 per cent a year. On that basis an economy doubles in size in slightly every 11 years and quadruples in 22 years.
Starting at the beginning of the 1960s Japan achieved a level of fixed investment of more than 30 per cent of GDP. This reached a peak in the early 1970s, at 35 per cent of GDP, before later sharply falling. During that period the average annual rate of growth of the Japanese economy was 8.6 per cent a year. On that basis an economy doubles in size in eight and half years and quadruples in size in 17 years.
From the 1970s onwards, South Korea also achieved a level of fixed investment of 30 per cent of GDP. During the 1980s this rose above 35 per cent of GDP. The other East Asian ‘Tiger’ economies – Singapore, Hong Kong and Taiwan – showed a similar pattern. South Korea’s economy confirmed the relation between fixed investment and economic growth illustrated by Japan by growing in this period by an average 8.3 per cent a year. At such a growth rate an economy doubles in size in nine years and quadruples in 18. Such growth rates in Asia showed that something unprecedented in human history was now possible – that it was possible to industrialise an economy, and achieve a ‘first world’ level of development, in a single generation.
From the early 1990s onwards China already achieved sustained rates of fixed investment of 35 per cent of GDP. From the beginning of the 21st century China achieved rates of gross domestic fixed capital formation of more than 40 per cent of GDP – a level never before seen in human history. The result was average 9.8 per cent a year economic growth over a sustained period. On that basis an economy doubles in size every seven a half years and quadruples in size in 15 years. The result in China was the most rapid economic growth ever seen in human history.
In order to complete the chronological picture, the proportion of GDP devoted to fixed investment for two countries recently undergoing rapid economic growth is also shown – India and Vietnam. The proportion of Indian GDP devoted to fixed investment has not achieved the Chinese level but has become extremely high – achieving a level of 34 per cent of GDP in 2007. On this basis, in the last five years, India has achieved an average growth rate of 8.8 per cent a year. At that rate of growth its economy doubles in size in slightly over eight years and quadruples in sixteen and a half years. In Vietnam the proportion of GDP devoted to fixed investment rose from 13 per cent in 1990, to 25 per cent in 1995, to 37 per cent in 2007. Economic growth has accelerated rapidly rising to an average of 7.9 per cent a year in the five years up to 2007. At that rate of growth its economy doubles in size in slightly under 9 years.
Such a high level of investment is a necessary condition for rapid economic growth – no country without such high levels investment has achieved such rapid rates of growth on a sustained basis. But it is not a sufficient condition. The high level of investment is also crucially linked to the scale of production – that is the size of the market which is being produced for.
In a modern economy only large scale production can be efficient in the decisive areas of the economy and that requires an orientation to the international market. No purely national market, not even the US or China, is sufficiently large to maintain the most efficient level of production. High levels of investment must therefore be accompanied by an orientation which, from the beginning, aims also at exports and not purely domestic production.
It is this high level of investment, accompanied by an orientation including exports, which was responsible for the rapid economic growth of South Korea, China, India and Vietnam. Such rapid rates of growth, in turn, produced sustainable rapid growth of living standards of the population.
These issues however pose clearly the issue of economic strategy for Venezuela. The single most important strategic economic choices that need to be made are those concerning savings and investment levels in the economy. The potentials that exist in this area for Venezuela will be discussed in future posts on this blog.

Notes
[1] The figure for England for 1688 is that in Angus Maddison, The World Economy, OECD Paris 2006 p395. UK figures after 1688 and up to 1947 are calculated from One Hundred Years of Economic Statistics, The Economist, London 1989 p74. Figures from 1948 are calculated from International Monetary Fund, International Financial Statistics http://www.imfstatistics.org/imf/. Minor adjustments have been made to chain the earlier statistics to be consistent with the IMF data – in no case does this make any significant difference to the pattern shown.
US figures prior to 1948 are calculated from One Hundred Years of Economic Statistics, The Economist, London 1989 p74. Figures from 1948 are calculated from International Monetary Fund, International Financial Statistics http://www.imfstatistics.org/imf/. Data for the earlier period give only private fixed capital formation whereas that after 1948 is for total fixed capital formation – i.e. including government fixed capital formation. There are no reliable estimates of government fixed capital formation in the earlier period and therefore data for the earlier period have been adjusted upward by the difference between the two in 1948 – which is slightly over two per cent of GDP. This has the effect of revising upwards slightly the percentage of GDP allocated to fixed investment in the earlier period but the difference is too small to affect the overall pattern.
Figures for Germany prior to 1960 are calculated from One Hundred Years of Economic Statistics, The Economist, London 1989 p202. Figures from 1960 are calculated from International Monetary Fund, International Financial Statistics http://www.imfstatistics.org/imf/. There is however no significant statistical difference between the two.
Figures for Japan are calculated from International Monetary Fund, International Financial Statistics http://www.imfstatistics.org/imf/.
Figures for South Korea are calculated from International Monetary Fund, International Financial Statistics http://www.imfstatistics.org/imf/.
Figures for China are calculated from International Monetary Fund, International Financial Statistics http://www.imfstatistics.org/imf/.
Figures for China are calculated from International Monetary Fund, International Financial Statistics http://www.imfstatistics.org/imf/.

[2] Phyllis Deane and W A Cole in British Economic Growth 1688-1959, Cambridge University Press, Cambridge 1980 p2 being closer to the lower figure while further studies have tended to revise the figure upwards slightly. The higher estimates for the earlier period have been taken here so as to avoid any suggestion of exaggerating the degree to which the proportion of GDP devoted to Gross Domestic Fixed Capital Formation has risen. The precise figure used here is that calculated by Maddison in Angus Maddison, The World Economy, OECD Paris 2006 p395. The higher figure, as can be seen, makes no difference to the overall trend.

Principales parámetros del desarrollo económico de Venezuela

December 20, 2008

A fin de analizar la estrategia económica que Venezuela requiere es importante primero entender los parámetros que determinan el desarrollo económico de los países, puesto que Venezuela no puede, de forma voluntarista, escoger un sendero de desarrollo obviando leyes económicas objetivas.

El examen de la experiencia histórica de largo plazo muestra que el aspecto decisivo que determina la tasa de crecimiento de la economía de cualquier país es la proporción de la economía consagrada a la inversión (la formación bruta de capital fijo nacional). Esta a su vez es tributaria de los ahorros totales (es decir, privado, de las empresas y del gobierno) puesto que cada acto de inversión debe estar financiado por un acto equivalente de ahorro.

A manera de ilustración, la Figura 1 muestra el porcentaje de inversión fija (formación bruta de capital fijo) en relación con el PIB para un grupo de grandes países en los períodos más largos para los cuales se dispone de información. [1]

Figura 1

El patrón es claro y sorprendente. La tendencia más fuerte, con mucho, es que la proporción de PIB dedicada a la formación de capital fijo aumenta con el tiempo. A su vez, como veremos, esta proporción creciente de inversión fija en relación con el PIB está asociada con tasas crecientes de crecimiento económico.

Si tomamos los países en orden cronológico, desde cuando apareció un nuevo pico en la proporción dedicada a la formación de capital fijo, surge el siguiente patrón.

• si regresamos al período inmediatamente anterior a la revolución industrial, la proporción de PIB dedicada a la formación de capital fijo en Inglaterra y Gales, a finales del siglo 17, se ubicó entre 5 y 7 por ciento. Hubo un ligero aumento durante el siglo 19, aunque estimaciones actuales indican que éste no fue importante, llegando a un pico de más de 10 por ciento del PIB del Reino Unido antes de la primera guerra mundial. Este nivel de inversiones bastó para arrancar la primera industrialización de país alguno, pero a una tasa de crecimiento de 2 por ciento anual que, sin bien no tenía precedentes para el momento, era extremadamente lenta en comparación con los parámetros contemporáneos. A ese ritmo se requiere 35 años para que una economía duplique su tamaño y 70 años para que la cuadriplique.

• Volviendo a la parte final del siglo 19, la proporción del PIB de Estados Unidos dedicada a la formación bruta de capital fijo nacional había aumentado hasta superar con creces al Reino Unido. En efecto, hacia las últimas décadas del siglo el aumento era de 18 a 20 por ciento del PIB. Fue a finales del siglo 19 cuando comenzó a producirse una drástica caída de la proporción de la economía estadounidense dedicada a la inversión, tendencia aún más marcada en el período entre las dos guerras mundiales asociada a la depresión de ese momento. Terminada la segunda guerra mundial, el país retomó su patrón de 18-20 por ciento del PIB dedicado a la formación bruta de capital fijo lo cual generó una tasa promedio de crecimiento de 3,5 por ciento anual. A ese ritmo, una economía duplica su tamaño cada 20 años y lo cuadruplica cada 40. Fue con este nivel de inversiones y de tasa de crecimiento que Estado Unidos superó a Gran Bretaña y se transformó en la mayor potencia económica del mundo.

• En el período de la segunda postguerra, Alemania logró un nivel de inversión fija superior al 25 por ciento del PIB, alcanzando un pico de 26,6 por ciento en 1964. Este período 1951-64 correspondió al “milagro económico” de Alemania con un crecimiento promedio de 6,8 por ciento anual. A este ritmo una economía duplica su tamaño cada 11 años y lo cuadruplica en 22.

• A comienzos de los años 1960, Japón alcanzó un nivel de inversión fija de más de 30 por ciento del PIB, llegando a comienzo de los 70 a un pico de 35 por ciento, para caer drásticamente luego. En ese período, la tasa anual de crecimiento de la economía japonesa era de 8,6 por ciento anual. A este ritmo una economía duplica su tamaño cada 8,5 años y lo cuadruplica en 17.

• A partir de los setenta, Corea del Sur alcanzó un nivel de inversión fija de 30 por ciento del PIB. En los ochenta esto superó el 35 por ciento. Las economías de los demás Tigres Asiáticos, Singapur, Hong Kong y Taiwán, tuvieron un patrón similar. La economía surcoreana confirmó la relación entre inversión fija y crecimiento económico ilustrada ya por Japón al crecer en ese período en promedio 8,3 por ciento anual. A este ritmo una economía duplica su tamaño cada 9 años y lo cuadruplica en 18. Estas tasas de crecimiento en Asia mostraron algo que resultaba sin precedentes en la historia de la humanidad: que es posible industrializar una economía y lograr un nivel de desarrollo de “primer mundo” en una sola generación.

• A partir del comienzo de los 90, ya China había alcanzado tasas sostenidas de inversión fija de 35 por ciento del PIB. A comienzos del siglo 21 China logró tasas de formación bruta de capital fijo nacional superiores al 40 por ciento del PIB: un nivel nunca visto en la historia de la humanidad. El resultado fue un promedio de crecimiento económico de 9,8 por ciento anual durante un período sostenido. A este ritmo una economía duplica su tamaño cada 7 años y lo cuadruplica en 15. El resultado de China corresponde al crecimiento económico más rápido en la historia de la humanidad.

• A fin de completar la descripción cronológica, mostramos la proporción del PIB dedicada a la inversión fija en dos países que conocen recientemente un rápido crecimiento económico: India y Vietnam. La proporción del PIB indio dedicado a la inversión fija no ha alcanzado el nivel de China pero ha sido extremadamente elevado al llegar a 34 por ciento del PIB en 2007. A este ritmo, en los últimos cinco años, India ha alcanzado una tasa promedio de crecimiento de 8,8 por ciento anual. A este ritmo su economía se duplicará en tamaño en un poco más de 8 años y se cuadruplicará en 16,5 años.

En Vietnam, la proporción del PIB dedicada a la inversión fija pasó de 13 por ciento en 1990 y 25 por ciento en 1995, a 37 por ciento en 2007. El crecimiento económico se ha acelerado rápidamente a un promedio de 7,9 por ciento anual en los cinco años antes de 2007. A este ritmo de crecimiento su economía se duplicará en un poco menos de 9 años.

Este tipo de nivel de inversión es una condición necesaria para lograr un rápido crecimiento económico: ningún país ha logrado estas altas de crecimiento sin estos altos niveles de inversión. Sin embargo, esta condición no es suficiente. El alto nivel de inversión está inextricablemente vinculado a la escala de producción, es decir al tamaño del mercado para el cual se produce.

En una economía moderna, solo una producción a gran escala puede ser eficiente en áreas decisivas de la economía, lo cual requiere una orientación hacia el mercado internacional. Ningún mercado puramente nacional, ni siquiera el de Estados Unidos o China, es lo suficientemente grande para mantener el nivel más eficiente de producción. Por ende, los altos niveles de inversión deben estar acompañados por una orientación que, desde el comienzo, apunte a las exportaciones y no puramente a la producción nacional.

Es justamente el alto nivel de inversiones acompañado por una orientación hacia las exportaciones lo que hizo posible el rápido crecimiento de Corea del Sur, China, India y Vietnam. A su vez, estas altas y rápidas tasas de crecimiento produjeron un rápido crecimiento sustentable en las condiciones de vida de la población.

Estos aspectos plantean claramente el tema de la estrategia económica de Venezuela. Las decisiones estratégicas más importantes que deben tomarse en el ámbito económico tienen que ver con los niveles de ahorro e inversión. Las potencialidades que existen en este ámbito para Venezuela serán objeto de análisis en futuras entregas de este blog.

Notas

[1] La cifra de Inglaterra para 1688 se encuentra en Angus Maddison, The World Economy, OECD Paris 2006 p395. Las cifras del Reino Unido luego de 1688 y hasta 1947 se calculan a partir de One Hundred Years of Economic Statistics, The Economist, London 1989 p74. Las cifras de 1948 se calculan según International Monetary Fund, International Financial Statistics http://www.imfstatistics.org/imf/. Se ha hecho pequeños ajustes para conectar las primeras estadísticas y ser congruentes con los datos del FMI, en ningún caso esto varía de forma significativa el patrón mostrado. Las cifras de EUA antes de 1948 se calculan a partir de One Hundred Years of Economic Statistics, The Economist, London 1989 p74. Las cifras de 1948 se calculan a partir de International Monetary Fund, International Financial Statistics http://www.imfstatistics.org/imf/. Los datos del período anterior arrojan solo la formación privada fija de capital, mientras que después de 1948 es para la formación total fija de capital, es decir, incluyendo la formación pública fija de capital. No existen estimaciones confiables de la formación pública fija de capital en el período anterior por lo que estos datos se han ajustado hacia arriba por la diferencia entre ambos en 1948, lo cual es ligeramente superior al 2 por ciento del PIB. Es resultado de la ligera revisión hacia arriba del porcentaje del PIB asignado a la inversión fija, pero la diferencia es demasiado pequeña para que afecte el patrón global.

Latin America and the Caribbean’s trade confronted with the international financial crisis

December 20, 2008

The international financial crisis will hit Latin America and the Caribbean via multiple mechanisms. They will, therefore, have to respond to each aspect. But these responses will only be most effective if they are part of an integrated reaction. The subject of this article is, therefore, Latin America and the Caribbean’s trade as it enters the international economic crisis, but it is necessary to place this specific aspect in the context of other main trends.
First, and most fundamental, is that in the international recession private investment will sharply decline or collapse. This is the most important mechanism that will drive the economy deep into recession. Therefore the most fundamental aspect of confronting the economic crisis is that a programme of state investment must be undertaken in order to maintain the overall level of investment in the economy. Such state investment programmes should have both an immediate counter-cyclical objective of preventing a decline in demand in the economy, that is a directly Keynesian aspect, and a strategic one of improving the efficiency of the economy. For this reason, in many cases, the most fruitful forms of investment are in infrastructure.
Second, the core of the present international economic crisis is within the financial system. In most countries in the world, including in the US, a programme of nationalisation of banks and financial institutions is therefore being carried out – Citigroup, AIG, Fannie Mae and Freddie Mac, Royal Bank of Scotland, Northern Rock, Bradford and Bingley etc.
Third, due to the financial crisis, private funding to large enterprises will be squeezed – as seen in the bail out of the US and other countries car industries. Governments are intervening to either take large shareholdings in, or fully nationalise, such companies in return for the financial assistance necessary to sustain them during the downturn.
Fourth, due to the financial crisis, private banks will drastically reduce or cease to lend to small and medium enterprises. Therefore new mechanisms, frequently bypassing private banks, must be developed in order to sustain lending to small and medium businesses.
Fifth, due to the financial crisis, mortgage lending for housing will severely contract or dry up – in the UK, for example, new mortgage lending has fallen by 80 per cent and a similar process is taking place in the US. This in turn will create a crisis in the house building industry. New mechanisms of lending for housing must be created and strong state intervention in the housing construction industry must be undertaken.
Sixth, while such programmes of state investment are geared up it is vital to prevent a decline in demand in the economy by maintaining the living standards and purchasing powers of the population. This should be done, in order to protect the strained position of companies´ finances during the recession, without placing extra wage costs on enterprises – this may be achieved by measures such as reduction in sales tax or increase in state benefits.
Seventh, despite these measures unemployment, particularly due the situation in the private sector, will rise. Measures of job creation and protection of the unemployed must be reinforced or put in place.
Eighth, the international recession has already led to a decline in commodity prices, including oil, which will create decreases in revenues to state budgets. However under conditions of recession all countries are expanding their budget deficits in a Keynesian fashion and therefore there must not be equivalent cuts in state spending to any decline in revenue.
It is evident from this list of key measures to deal with the international economic crisis that the policies of the Venezuelan opposition would be catastrophic, and are completely out of line with those being pursued in all other countries, as the opposition seeks to weaken, rather than strengthen, the role of the state in the economy. In all countries in the world a great expansion of the role of the state in the economy is taking place in order to confront the international financial crisis. The policies of the Venezuelan opposition would, therefore, greatly worsen the problems of Venezuela in meeting current international economic problems.
Within the overall context outlined above a very important place is occupied by the question of international trade. One of the most important factors leading to the deep economic depression after 1929 was the collapse of international trade. A decline in world trade would also further severely depress the price of commodity exports, including oil, which would greatly increase the budgetary problems of Venezuela.
Venezuela, and Latin America as a whole, therefore have a great interest in maintaining international trade during this international economic crisis. This article, therefore, examines overall parameters and objective possibilities of Latin America’s trade – a second article will look at the specific features of Venezuela’s trade within that context.
Taking first exports, the key weakness of Latin America is reliance on trade with the US. The dimensions of this problem are shown in Figure 1.
In 2007, the last year for which figures are available, 63.6 per cent of exports from Latin America and the Caribbean went to industrialised countries with 44.3 per cent going to the US. This represents some diversification of exports away from the US and industrialised countries during the last decade – the peak year for the share of industrialised countries in exports from Latin America and the Caribbean was 74.2 per cent in 1999 and the peak share of the United States in Latin American and Caribbean exports was in 2000 at 57.2 per cent.

Figure 1

To take data shown in Figure 2, in 2007 37.2 per cent of Latin America and the Caribbean exports were to developing countries – in other words exports to all developing countries were less than those to the US.
Latin American and Caribbean exports to the European Union and Japan are falling and show no sign of increase.
These figures have important implications. A trend of diversification of Latin America and the Caribbean’s exports away from the US and the industrialised countries is taking place. This is strategically crucial, must be maintained, and is in line with the overall trend in the world economy of the increased weight of developing countries in world trade. Nevertheless this trend is one operating over a prolonged period of years, a decade or more, and it cannot be made sufficiently rapid to deal with an economic crisis that has already begun and which will pick up momentum in a matter of a few months.
The consequence of the reliance of Latin America and the Caribbean on exports to the US is very serious and will have strongly negative consequences in the current international recession. The origin of the present financial crisis is in the US and its economy is already moving sharply into recession. This means that imports into the US will fall sharply -a trend that will be made worse if a decline in the exchange rate of the dollar takes place. The working assumption in Latin America and the Caribbean must be that the volume of imports by the US will fall in absolute terms and this, combined with the decline in the price of commodities that has already taken places, means that income received by countries in Latin America and the Caribbean from their exports to the US will fall sharply.
Trade diversification to regions that are likely to suffer less severe recessions than the US, notably Asia, and expansion of trade within Latin America and the Caribbean is therefore important. But it cannot be put in place rapidly enough, or on a sufficient scale in the time frame available, to offset the negative consequences of the downturn of the business cycle. This means that the largest focus for Latin American countries must be the expansion of domestic demand by the measures outlined at the beginning of this article. The overall framework must, therefore, be domestic recovery programmes supplement by measures to diversify trade away from the US and towards areas of higher economic growth.
Turning to the situation of possibilities for increasing Latin America and the Caribbean’s exports to developing countries, which will be growing more rapidly than the US in the coming period, the key trends are shown in Figure 2.
There has been a significant increase in the exports of Latin America and the Caribbean to developing countries in the last period – after a period of depression in the mid-1990s. The share of Latin America and the Caribbean’s exports going to developing countries rose from 22.8 per cent in 1999 to 32.7 per cent in 2007.
Within that framework half of the increase, 5.3 per cent, was due to increased exports to developing Asian countries – which increased from 3.6 per cent of Latin America and the Caribbean’s exports to 8.9 per cent. Latin America and the Caribbean, however, still represented the largest market for their own exports with 19.1 per cent of exports in 2007 – an increase from 16.6 per cent in 1999. This 2.5 per cent increase in share is, however, less than that for Asia. Exports to the Middle East and Africa are low and with no substantial tendency to increase.

Figure 2

The combined total for exports by Latin America and Caribbean states to other countries in the region and to developing Asia is however now very significant. It accounts for 28 per cent of Latin American and Caribbean exports – far exceeding those to either the European Union or Japan.
Exports to Latin America and developing Asian countries are now almost two thirds, 63 per cent, of Latin American and Caribbean exports to the US. Furthermore, exports to Latin America and the Caribbean and developing Asian countries were rising while those to the US were falling sharply – see Figure 3.
In 2000 exports to the US accounted for 57.2 per cent of Latin American and Caribbean exports compared to 21.9 per cent for the combined total for exports to other countries in Latin America and the Caribbean and to developing Asia – that is, exports to the US were 161 per cent higher than those to Latin America and the Caribbean and developing Asia combined. By 2007 exports to the US were only 58 per cent higher than those to Latin America and developing Asia.
The implications of such numbers are clear. If the alternative to Latin American and Caribbean exports to the US is conceived of as only being Latin American and Caribbean integration this is too small to counterbalance the US. If, however, the framework is conceived of as Latin America and the Caribbean together with developing Asian countries then this total is rapidly catching up with exports to the US.
It follows from this that the top priority in Latin America and the Caribbean’s export trade in the international financial crisis must be within Latin America and the Caribbean and in relation to developing Asian countries.

Figure 3

Turning to Latin America and the Caribbean’s imports the situation is far more favourable that with exports. Imports from developing countries have already substantially overtaken those from the US – see Figure 4.
In 2007 imports from the US accounted for 33.1 per cent of Latin America and the Caribbean’s imports whereas imports from developing countries accounted for 44.5 per cent. Furthermore imports to Latin America and the Caribbean from the European Union, as well as from the US, were falling sharply – while those to Japan and Canada were low with no tendency to increase. In short Latin America and the Caribbean’s import trade from developing countries is much more dynamic than that with the industrialised countries, including the US.
This trend is strongly entrenched. As may be seen from Figure 4 diversification of Latin American and Caribbean imports away from the industrialised countries and from the US has been underway for a considerable period.
Considering the industrialised countries as a whole, the peak year for the share of Latin America and the Caribbean’s imports from these countries was in 1991 at 74.3 per cent – by 2007 this had declined to 54.4 per cent. For imports from the US the peak year was 1999 at 49.2 per cent – by 2007 this had declined to 33.1 per cent. By 2007 developing countries accounted for 44.5 per cent of total imports by Latin America and the Caribbean compared to only 33.1 per cent from the US.

Figure 4

This trend in imports is important not only in itself but because it can be used as a framework to develop bilateral Latin American and Caribbean relations, including for exports, with those areas or countries that are becoming increasingly important trading partners.
Considering imports from developing countries in more detail the most dramatic expansion is again in imports from developing Asian countries. This is shown in Figures 5 and 6.
The share of imports to Latin America and the Caribbean from developing Asian countries has risen dramatically from 2.1 per cent in 1980 to 18.5 per cent in 2007 – see Figure 5. The share of imports from other countries in the region to Latin America and the Caribbean has also recently risen significantly – increasing from 15.3 per cent in 1999 to 21.6 per cent in 2007.
Imports from the Middle East and Africa remain low and with no tendency to increase.

Figure 5

Taking these trends together the combined share of Latin America and the Caribbean’s imports accounted for by other Latin American and Caribbean countries and by developing Asian states already significant exceeds imports from the US.
In 2007 the share of Latin American and the Caribbean’s imports coming from the US was 33.1 per cent whereas the share coming from other Latin American and Caribbean countries and from developing Asian states was 40.0 per cent.

Figure 6

Within that overall framework the most important single developing country market is China. China has already overtaken the US and Germany to become the world’s largest exporter of goods. It is the world’s third largest importer of goods, behind the US and Germany, with a more rapid increase of imports than either of these. Within the next twenty years it is projected that China will overtake the US to become the largest economy in the world.
The trend of Chinese imports into Latin America and the Caribbean, compared to the US, is shown in Figure 7.

Figure 7

What conclusions follow from these trends for Latin America and the Caribbean as they face the international economic crisis?
First, the process already underway in several Latin American countries to lessen dependence on exports to the US is entirely necessary. There will be a sharp contraction in US demand for imports during the coming recession, due to both US economic downturn and possible declines in the exchange rate of the dollar, and the more Latin America and the Caribbean succeed in diversifying their exports away from the US the more successfully they will be able to meet the international economic crisis.
Second, however, the scale of the shift involved in diversifying exports is very great. It will not be possible in the time available before confronting the consequences of the international economic crisis, which has already commenced and will develop in the immediate coming months and years, either to lessen the share of exports to the US, or to develop other export markets, sufficiently rapidly to provide large enough alternative international markets to compensate for the crisis in the US. Therefore the core of the anti-crisis economic programmes in Latin America and the Caribbean must be measures to boost domestic economic recovery – supplemented by measures diversifying exports away from the US. As in all countries confronting the economic crisis, the core of these programmes must be an expansion of activity by the state in the economy – in particular expansion of state investment to counter the sharp decline in private investment that will take place.
Third, regarding trade, strategically the process of economic integration in Latin America and the Caribbean is extremely important. But this market is not large enough, by itself, to constitute an alternative trade market to that provided by the US. The combination of Latin America and the developing countries in Asia is, however, sufficient to compensate fully for the US. Therefore, alongside the measures to strengthen Latin American and Caribbean economic integration must go policies to strongly increase the economic relations between Latin America and the Caribbean and the developing Asian economies – in particular China.

El comercio en América Latina y el Caribe frente a la crisis financiera internacional

December 20, 2008

La crisis financiera internacional golpeará América Latina y el Caribe a través de múltiples mecanismos. Por lo tanto, ambas regiones tendrán que responder a cada aspecto. Pero estas respuestas solo serán las más eficaces si están insertas dentro de una reacción integrada. Por ende, el tema de este artículo es el comercio en América Latina y el Caribe frente a la crisis económica internacional. Sin embargo, es necesario ubicar este aspecto específico dentro del contexto de otras tendencias principales.

Lo primero y principal es que en la recesión internacional se reducirá abruptamente o colapsará la inversión privada. Éste es el mecanismo más importante que hará que la economía caiga en una profunda recesión. Por lo tanto, el aspecto fundamental para enfrentar la crisis económica es emprender un programa de inversión pública que permita mantener el nivel general de inversiones en la economía. Este tipo de programas de inversión pública debería tener el objetivo inmediato anticíclico de evitar una caída de la demanda, el cual es un aspecto directamente keynesiano, y un objetivo estratégico de mejorar la eficiencia de la economía. Por esta razón, en muchos casos, la forma más fructífera de inversión es la inversión en infraestructura.

En segundo lugar, el núcleo de la actual crisis económica internacional está dentro del sistema financiero. En la mayoría de los países, entre ellos Estados Unidos, se está llevando a cabo un programa de nacionalización de bancos e instituciones financieras, entre las que se encuentran Citigroup, AIG, Fannie Mae y Freddie Mac, Royal Bank of Scotland, Northern Rock, Bradford y Bingley, etc.

Tercero, debido a la crisis financiera, se reducirá el financiamiento privado a grandes empresas, como se ha visto en el caso de la industria automotriz de Estados Unidos y otros países. Los gobiernos están interviniendo para tomar grandes participaciones accionarias o para nacionalizar completamente dichas compañías a cambio de la ayuda financiera necesaria para sostenerlas durante el bajón.

Cuarto, debido a la crisis financiera, los bancos privados reducirán drásticamente sus créditos o dejarán de concederlos a empresas pequeñas y medianas. Por lo tanto, se debe desarrollar nuevos mecanismos, a menudo pasando por encima de los bancos privados, para mantener el crédito a dichas empresas.

En quinto lugar, debido a la crisis financiera, los créditos hipotecarios se contraerán fuertemente o se agotarán; en el Reino Unido, por ejemplo, los nuevos créditos hipotecarios han caído 80 por ciento y un proceso similar está ocurriendo en Estados Unidos. Esto, a su vez, creará una crisis en la industria de la construcción. Se debe crear nuevos mecanismos de créditos para viviendas e iniciar una fuerte intervención del Estado en este sector.

Sexto, aunque estén preparados los programas de inversión estatal, es vital impedir una caída de la demanda en la economía manteniendo el nivel de vida y el poder adquisitivo de la población, a fin de proteger la difícil posición de las finanzas de las empresas durante la recesión, sin colocar sobre ellas la presión de costos salariales adicionales; esto se podría lograr mediante medidas tales como reducción del impuesto sobre las ventas o el aumento de los programas sociales del Estado.

En séptimo lugar, a pesar de estas medidas, aumentará el desempleo, en particular debido a la situación del sector privado. Se debe emprender o fortalecer acciones como la creación de puestos de trabajo y la protección de los desempleados.

Octavo, la recesión internacional ya ha conducido a una baja de los precios de las materias primas, incluyendo el petróleo, lo que provocará una reducción de ingresos en los presupuestos del Estado. Sin embargo, en condiciones de recesión, en todos los países se produce una expansión del déficit presupuestario en un sentido keynesiano y, por lo tanto, no debe haber recortes en el gasto público equivalentes a la caída de los ingresos.

A partir de esta lista de medidas clave para enfrentar la crisis económica internacional es evidente que las políticas de la oposición venezolana serían catastróficas y están completamente desfasadas con respecto a las que se están adelantando en todos los demás países del mundo; mientras tanto dicha oposición busca debilitar, en lugar de fortalecer, el papel del Estado en la economía. En todos los países del mundo se está produciendo una gran expansión de la intervención del Estado en la economía con el objeto de enfrentar la crisis financiera internacional. Por consiguiente, las políticas de la oposición venezolana empeorarían considerablemente las posibilidades de Venezuela para abordar los problemas económicos internacionales.

Dentro del contexto general ya descrito, el tema del comercio internacional ocupa una posición preponderante. Uno de los principales factores que condujo a la profunda depresión económica después de 1929 fue el derrumbe del comercio internacional. Una caída del comercio mundial también deprimiría gravemente el precio de las exportaciones de materias primas, incluyendo el petróleo, con lo que se intensificarían de manera significativa los problemas presupuestarios de Venezuela.

Venezuela y América Latina en general tienen, por ende, gran interés en mantener el comercio internacional durante esta crisis económica. Por consiguiente, este artículo examina los parámetros generales y las posibilidades objetivas del comercio en América Latina; en un segundo artículo se analizará las características específicas del comercio de Venezuela dentro de ese contexto.

Tomando en primer lugar las exportaciones, la debilidad clave de América Latina es su dependencia del comercio con Estados Unidos. Las dimensiones de esta situación se describe en la Figura 1.

En 2007, el último año para el cual se dispone de cifras, 63,6 por ciento de las exportaciones desde América Latina y el Caribe terminó en países industrializados y 44,3 por ciento quedó en Estados Unidos. Esto representa cierta diversificación de las exportaciones hacia otros países diferentes de Estados Unidos u otros países industrializados durante la última década; el pico de la participación de países industrializados en exportaciones desde América Latina y el Caribe fue de 74,2 y se alcanzó en 1999 y el correspondiente a Estados Unidos en las exportaciones de la región fue de 57,2 por ciento en el año 2000.

Figura 1

De acuerdo con los datos que se muestran en la Figura 2, en 2007, 37,2 por ciento de las exportaciones de América Latina y el Caribe estuvieron destinadas a países en desarrollo; en otras palabras, las exportaciones a todos los países en desarrollo fueron menores que las destinadas a Estados Unidos.

Las exportaciones desde América Latina y el Caribe hacia la Unión Europea y Japón están descendiendo y no muestran ningún indicio de aumento.

Estas cifras tienen importantes implicaciones. Se está registrando una tendencia a la diversificación de las exportaciones desde América Latina y el Caribe hacia otros países diferentes de Estados Unidos y los países industrializados. Este fenómeno es estratégicamente crucial, se debe mantener y sigue la tendencia general en la economía mundial de un mayor peso de los países en desarrollo en el comercio mundial. No obstante, esta tendencia se fortalecerá en un período largo, una década o más; no puede desarrollarse de forma suficientemente rápida como para enfrentar una crisis económica que ya se ha iniciado y que cobrará impulso en cuestión de meses.
La dependencia de América Latina y el Caribe de las exportaciones hacia Estados Unidos es muy grave y tendrá repercusiones muy negativas en la recesión internacional actual. La actual crisis financiera tiene su origen en Estados Unidos cuya economía ya se está acercando rápidamente a una recesión. Esto significa que las importaciones de esepaís caerán abruptamente; una tendencia que empeorará si se devalúa el dólar. La hipótesis más segura para América Latina y el Caribe debe ser la caída del volumen de importaciones de Estados Unidos en términos absolutos lo cual, combinado con el descenso en los precios de las materias primas que ya ha ocurrido, significa que los ingresos recibidos por los países de América Latina y el Caribe por sus exportaciones hacia Estados Unidos se desplomarán.

La diversificación del comercio hacia regiones que probablemente sufran recesiones menos graves que la de Estados Unidos, en particular Asia, y la expansión del comercio dentro de América Latina y el Caribe son, por ende, importantes. Pero no es posible que se pongan en práctica con la rapidez o a una escala suficiente en el plazo disponible para compensar las consecuencias negativas del bajón del ciclo comercial. Esto significa que el punto focal principal para los países latinoamericanos debe ser la expansión de la demanda interna a través de las medidas descritas al comienzo de este artículo. Por consiguiente, el marco general debe ser el establecimiento de programas de recuperación interna complementados con medidas para diversificar el comercio hacia otros países diferentes de Estados Unidos y hacia áreas de mayor crecimiento económico.

En relación con las posibilidades de incrementar las exportaciones desde América Latina y el Caribe hacia países en desarrollo, las cuales crecerán más rápidamente que hacia Estados Unidos en el próximo período, las tendencias clave se muestran en la Figura 2.

Durante el último período se ha registrado un aumento significativo de las exportaciones desde América Latina y el Caribe hacia países en desarrollo, tras un período de depresión a mediados de los 90. La participación de las exportaciones de América Latina y el Caribe que van hacia los países en desarrollo creció de 22,8 por ciento en 1999 a 32,7 por ciento en 2007.

Dentro de ese contexto, la mitad del aumento, 5,3 por ciento, se debió a un incremento de las exportaciones hacia los países en desarrollo de Asia, las cuales, en el caso de las exportaciones desde América Latina y el Caribe, pasaron de 3,6 por ciento hasta 8,9 por ciento. Sin embargo, estas dos regiones siguen representando el mercado más grande para sus propias exportaciones con 19,1 por ciento de exportaciones en 2007, un aumento de 16,6 por ciento con respecto a 1999. No obstante, este 2,5 por ciento de incremento en la participación es menos que eso para Asia. Las exportaciones hacia el Medio Oriente y África son bajas y no muestran una tendencia importante al crecimiento.

Figura 2

Sin embargo, en la actualidad el total combinado de las exportaciones de los países de América Latina y el Caribe hacia otros países en la región y hacia los países en desarrollo de Asia es una cifra muy significativa. Representa 28 por ciento de las exportaciones desde América Latina y el Caribe, lo que excede con creces las exportaciones hacia la Unión Europea o Japón.

Las exportaciones hacia América Latina y los países en desarrollo de Asia ahora ascienden a casi dos tercios (63 por ciento) de las exportaciones desde América Latina y el Caribe hacia Estados Unidos. Además, las exportaciones hacia América Latina y el Caribe y los países en desarrollo de Asia aumentaron mientras que las destinadas a Estados Unidos cayeron abruptamente (véase la Figura 3).

En 2000, las exportaciones hacia Estados Unidos representaron 57,2 por ciento de las exportaciones de América Latina y el Caribe, en comparación con 21,9 por ciento del total combinado de las exportaciones hacia otros países de América Latina y el Caribe y hacia los países en desarrollo de Asia, es decir, las exportaciones hacia Estados Unidos fueron 161 por ciento más que las destinadas hacia América Latina, el Caribe y los países en desarrollo de Asia combinadas. Para 2007, las exportaciones solo hacia Estados Unidos estaban 58 por ciento por encima de las que iban a América Latina y los países en desarrollo de Asia.

Las implicaciones de estas cifras son claras. Si la alternativa para las exportaciones desde América Latina y el Caribe hacia Estados Unidos se concibe solo en términos del comercio intrarregional entre América Latina y el Caribe resultaría insuficiente, dado el tamaño de sus economías. En cambio, si el marco se concibe como América Latina y el Caribe junto con los países en desarrollo de Asia, entonces el total se asimila rápidamente a las exportaciones hacia Estados Unidos.

De lo anterior se puede colegir que la principal prioridad del comercio de exportación de América Latina y el Caribe en la crisis financiera internacional debe estar entre América Latina y el Caribe y la relación con los países en desarrollo de Asia.

Figura 3

En cuanto a las importaciones de América Latina y el Caribe, la situación es mucho más favorable que en el caso de las exportaciones. Las importaciones desde los países en desarrollo ya superaron considerablemente las que provienen de Estados Unidos (véase la Figura 4).

En 2007 las importaciones desde Estados Unidos representaron 33,1 por ciento de las importaciones de América Latina y el Caribe, mientras que las importaciones desde los países en desarrollo correspondieron a 44,5 por ciento. Es más, las importaciones hacia América Latina y el Caribe desde la Unión Europea, además de las provenientes de Estados Unidos, cayeron en forma acentuada, mientras que las de Japón y Canadá fueron bajas y no mostraron ninguna tendencia al alza. En pocas palabras, el comercio de importación de América Latina y el Caribe desde los países en desarrollo es mucho más dinámico que el que tiene lugar con los países industrializados, incluyendo Estados Unidos.

Esta tendencia se consolida fuertemente. Tal como se puede ver en la Figura 4, la diversificación de las importaciones de América Latina y el Caribe desde otros países diferentes de Estados Unidos y otros países industrializados ha estado en marcha durante un período considerable.

Considerando los países industrializados en general, el año que mostró un pico en la proporción de las importaciones hacia América Latina y el Caribe desde esos países fue 1991 con 74,3 por ciento; en 2007 cayó a 54,4 por ciento. En cuanto a las importaciones desde Estados Unidos, el año pico fue 1999 con 49,2 por ciento y para 2007 este porcentaje había declinado a 33,1 por ciento. Para el año 2007, los países en desarrollo representaban 44,5 por ciento del total de las importaciones realizadas por América Latina y el Caribe en comparación con apenas 33,1 por ciento desde los Estados Unidos.

Figura 4

Esta tendencia de las importaciones es significativa no solo per se sino porque se puede usar como marco para que la región de América Latina y el Caribe desarrolle relaciones bilaterales, incluyendo exportaciones, con aquellas zonas o países que se están convirtiendo en socios comerciales cada vez más importantes.

Considerando en mayor detalle las importaciones desde los países en desarrollo, la expansión más notable se registra nuevamente en las provenientes de los países asiáticos en desarrollo, como se puede ver en las Figuras 5 y 6. La proporción de importaciones hacia América Latina y el Caribe desde los países en desarrollo asiáticos se ha incrementado drásticamente, de 2,1 por ciento en 1980 hasta 18,5 por ciento en 2007 (véase la Figura 5). La proporción de importaciones desde otros países en la región hacia América Latina y el Caribe también se multiplicó en forma significativa, pasando de 15,3 por ciento en 1999 a 21, 6 por ciento en 2007.

Las importaciones desde el Medio Oriente y África siguen siendo bajas y no muestran ninguna tendencia al alza.

Figura 5

Tomando estas tendencias en conjunto, la proporción combinada de las importaciones de América Latina y el Caribe correspondiente a otros países latinoamericanos y caribeños y a países en desarrollo asiáticos excede las importaciones desde Estados Unidos.

En 2007, la proporción de las importaciones de América Latina y el Caribe que proviene de Estados Unidos ascendió a 33,1 por ciento, mientras que desde otros países latinoamericanos y caribeños y desde los países en desarrollo de Asia fue de 40,0 por ciento.

Figura 6

Dentro de este marco general, el mercado del país en desarrollo más importante es China, que ya superó a Estados Unidos y Alemania para convertirse en el primer exportador de bienes del mundo. Este país es el tercer importador mundial de bienes, detrás de Estados Unidos y Alemania, con un aumento más rápido de las importaciones que cualquiera de estos dos países. En los próximos 20 años se proyecta que China superará a Estados Unidos para convertirse en la economía más grande del mundo.

La tendencia de las importaciones chinas en América Latina y el Caribe, comparada con las de Estados Unidos, se muestra en la Figura 7.

Figura 7

¿Qué conclusiones se pueden extraer de estas tendencias para América Latina y el Caribe frente a la crisis económica internacional?

La primera es que el proceso que ya está en marcha en varios países latinoamericanos para reducir la dependencia de las exportaciones hacia Estados Unidos es totalmente necesario. Se producirá una fuerte contracción en la demanda de Estados Unidos de importaciones durante la recesión que se avecina, debido tanto al bajón de la economía estadounidense como a los posibles descensos del tipo de cambio del dólar; además, mientras más se diversifiquen las exportaciones de América Latina y el Caribe hacia otros países diferentes de Estados Unidos, se podrá enfrentar de una manera más exitosa la crisis económica internacional.

La segunda es, sin embargo, que el cambio requerido para diversificar las exportaciones es enorme. Resulta imposible en el tiempo que resta antes de enfrentar las consecuencias de la crisis económica internacional, que ya se ha iniciado y se desarrollará en los próximos meses y años, reducir la proporción de exportaciones hacia Estados Unidos o abrir otros mercados de exportación con la rapidez suficiente para tener mercados internacionales alternativos de una magnitud tal que permita compensar la crisis en Estados Unidos. Por lo tanto, el meollo de los programas económicos en contra de la crisis en América Latina y el Caribe debe estar compuesto por medidas para impulsar la recuperación de la economía interna, complementadas por acciones para diversificar las exportaciones hacia otros países aparte de Estados Unidos. Igual que en todos los países que están enfrentando la crisis económica, el punto focal de estos programas debe ser una expansión de la actividad por parte del Estado en la economía; en particular, la expansión de la inversión pública para contrarrestar la fuerte caída que tendrá lugar en la inversión privada.

La tercera conclusión es que, con respecto al comercio, el proceso de integración económica en América Latina y el Caribe es extremadamente importante desde el punto de vista estratégico. Pero este mercado no es suficientemente grande per se para constituir un mercado comercial alternativo al que proporciona Estados Unidos. En cambio, la combinación de América Latina y los países en desarrollo de Asia es suficiente para compensar por completo el mercado de Estados Unidos. Por lo tanto, junto con las medidas para fortalecer la integración económica de América Latina y el Caribe, deben aplicarse políticas para profundizar las relaciones económicas entre América Latina y el Caribe y las economías en crecimiento de Asia, en particular, China.

On 15 November a new era in world history began

December 19, 2008

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The following article appeared on the blog Key Trends in Globalisation.

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The theme of Key Trends in Globalisation is that ‘It is an error to think globalisation is purely an economic process – it has deep social, cultural and environmental consequences.’
Nothing could illustrate this more than the meeting that took place on 15 November in Washington to discuss the world financial crisis. The four most powerful people in the room, indeed the four most powerful people in the world, are illustrated above – the representatives of Barack Obama – the next President of the United States, Hu Jintao – President of China, Manmohan Singh – Prime Minister of India and Taro Aso – Prime Minister of Japan.
Do you notice anything? Not one of them is white.
It is economically, culturally, socially and ideologically a turning point in the history of the world. The end of the era which symbolically began on 12 October 1492 – the day Christopher Columbus arrived in the Caribbean.
For the next 500 years Europe spread through the world and conquered it. Its greatest offshoot, the United States, extended that European dominance for the 20th century. That Europe created, in racism, a uniquely evil ideology used to justify the greatest crimes in the history of the world – the Atlantic slave trade, the history of colonialism, the Holocaust.
Everyone understands the significance of the fact that for the first time in its history the United States will elect a black president. Everyone who is not a racist bigot in the world will rejoice. For black people it is an event the full significance of which no one who is white can understand. A liberatory moment in history to savour.
But even this president of the United States is not powerful enough to deal with the economic storm that is raging in the world. That is why the leaders of the 20 leading economies are being invited to Washington. It is the admission that the US no longer has the power to control the world. Without the help of others it cannot stablise even its own economy.
And who does the US have to invite? China, Japan, India. These are the three most powerful economic states outside the US – Europe has no comparable voice as long as it remains fragmented and none of the individual European states is an economic power to match the three big Asian economies. Whether Europe succeeds in getting itself together, or slides into further decline, remains to be seen.
On 15 November two great, and interlinked, processes will come together. The first black president of the United States will meet the leaders of the three great Asian states, who represent the future of the world economy. For the first time for 500 years there will not be one white person taking the most important decisions in the world.
It will take decades, even centuries, for all the implications of that to work through and to consolidate. But on 15 November a new epoch in the history of the world began.